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“Un hábito llama a otro”

¡Cuánto poder hay en los hábitos!

Observas a personas que se destacan en su  cualquier área de la vida (espiritual, familiar, laboral, cuidado físico…). Y siempre encuentras que detrás de esos logros, hay hábitos arraigados, construidos a través del tiempo y mantenidos en forma sistemática.

 

¿Cómo vienen tus hábitos?

Pregunta muy general.

Porque podría ser que en algún aspecto de tu vida hayas desarrollado una importante autodisciplina, pero quizá tengas grandes dificultades para cuidarte en otras áreas. Esto es así. Pero, sin caer en etiquetas, hay personas con un fuerte desarrollo de su voluntad y autodisciplina; mientras que otros, dependen más de sus arrebatos, impulsos o estados de ánimo.

 

Una investigación muy seria en relación a este tema la ha desarrollado Charles Duhigg. Su libro “El poder de los hábitos” refleja algunos de sus hallazgos. En relación al párrafo anterior, sobre las tendencias en cuanto a la disciplina, Duhigg expresa: “Cuando las personas reforzaban sus músculos de la fuerza de voluntad en un aspecto de su vida (en el gimnasio, o en un programa para administrar su dinero), esa fuerza se trasladaba a su forma de comer o al esfuerzo que ponían en su trabajo. Cuando la fuerza de voluntad se fortalecía, afectaba a todo

‘Cuando aprendes a esforzarte para ir al gimnasio o empiezas  a hacer los deberes o comes una ensalada en lugar de una hamburguesa, parte de lo que sucede es que estás cambiando tu forma de pensar  –dice Todd Heartherton, un investigador de Darmouth que ha trabajado en estudios sobre la fuerza de voluntad-. La gente aprende a regular mejor sus impulsos. A distraerse de las tentaciones. Y una vez que entras en la onda de la fuerza de voluntad, tu cerebro está entrenado para ayudarte a concentrarte en una meta´…

Cuando se ha logrado un pequeño triunfo, se ponen en marcha las fuerzas para lograr otro pequeño triunfo”.

 

De acuerdo a lo que plantea este autor, pareciera que existe una especie de “efecto dominó”: un buen hábito construido promueve el desarrollo de otras costumbres saludables.

Y si los planes o metas se escriben (con especificidad incluso de cómo se actuará ante las potenciales dificultades), se ha demostrado que multiplican las chances de llegar a un buen puerto. Los proverbios bíblicos hablan mucho sobre esto; te cito uno: “Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad, pero los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza” (Proverbios 21:5).

 

La mala noticia es que esto también sucede en el camino contrario. Un proverbio también señala este inconveniente: “Si eres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida” (Proverbios 24:10). La flojedad llama a la flojedad.

 

¿Un desafío para esta semana? ¿Por qué no escribir sobre un hábito a mejorar? Escribe claramente la conducta a desarrollar. Plantea pequeños pasos. Imagina cuáles dificultades, precios o dolores atravesarás en la dirección hacia el cambio. Ten a mano las soluciones que desplegarás ante esos obstáculos.

¡Vamos por un plan y con la disposición a un arduo trabajo!

Tomemos envión y no lo soltemos por ninguna razón.

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